Cesar Lerena

EL SIMPÁTICO EMBAJADOR KENT

La entrevista que Natasha Niebieskikwiat le hizo al embajador británico el pasado 10 de febrero para Clarín, ratificó, que es una periodista sin concesiones y, que Mark Kent, aún simpático, es el típico diplomático británico, que nos mira desde arriba del imperio, al que le resulta cómodo el mensaje, pero hace todo lo que puede, para vivir desestructurado como nosotros, lo que hoy, le sería muy difícil en su Reino de origen. Es de los que intentan huir de sus reglas ortodoxas para ponerse la camiseta de Boca y desearían quedarse a vivir todas las noches de Buenos Aires, el Malbec y el bife de chorizo, pero siguen negándose a hablar de nuestra soberanía en Malvinas.    

Como olvidarse, que los echamos de América en 1806/7, nos ayudaron luego a desplazar a los españoles para quedarse con el comercio, firmaron un Tratado de Paz y Amistad en 1825 y años después en 1833 nos invadieron Malvinas y, viviendo en el Norte, avanzaron y nos ocupan en forma sostenida el Atlántico Sur. Son persistentes estos muchachos. Tienen el síndrome del isleño, el deseo irrefrenable de la ausencia de límites.

Luego, cientos de años después, como si nada hubiera pasado, Mark nos habla de cuidar los recursos pesqueros, de intereses, medio ambiente y la determinación de los pueblos, como si sus habitantes hubiesen podido ocupar por sí los territorios al sur del sur. Hay cierta hipocresía en el mensaje o este hombre que quiere desestructurarse, lo hace solo con la indumentaria o golpeándose la nariz contra el piso, mientras sigue manteniendo intacto el mensaje colonizador del Reino. Y bueno, no por algo los escoceses mantienen viva la Cruz de San Andrés, fundaron el Partido Nacional que gobierna Escocia, se pronunciaron en contra del Brexit y la primera ministra escocesa Nicola Sturgeon dice que, cada vez hay más gente favorable a una separación del Reino Unido. Hay cierta bipolaridad en el manejo de los ingleses y, ya se lo había dicho Saturnino Rodríguez Peña al Gral. William Beresford en 1806, «en vez de tratar de dominarnos, porque no se nos liberó de los españoles», como haría San Martín años después con Chile y Perú. Allí se generó la desconfianza, si no hoy, nosotros estaríamos sosteniendo la base misilística en Malvinas. Porque es cierto, somos un tanto indomesticables, pero eso, precisamente, parece ser lo que más le gusta al simpático de Mark, porque él también sabe, que los Faurie, sus antecesores y descendientes, Cancilleres y Vicecancilleres, que hablaron o hablan de cooperación o relaciones carnales, son lo más parecido a ellos, los estructurados, los que tienen un mensaje que no representa la voluntad popular.

A mí me encantaría negociar con Mark, le diría: digamos todo para afuera que sí y cambiemos este orden que te agobia y del que quieres salir. Pensemos, hoy para ti es todo muy favorable: los ingleses están tratando de ver cómo salen del Brexit; cientos de empresas inglesas se quieren ir a Holanda y otros países de Europa, al igual que profesionales, docentes y residentes de Palma de Mallorca quieren radicarse definitivamente en el continente europeo; millones de escoceses, irlandeses y galeses, seguramente a corto plazo independientes, serán recibidos con los brazos abiertos en la Unión Europea y, me vas a decir ¿que el R.U. está preocupado por los tres mil isleños implantados, que cuando en 1982 se quisieron ir, recién le reconocieron el estatus de británicos? Y, si es verdad, dificulta tu decisión la diplomacia argentina que, cada día te cede más y, cómo haces para decirles que no. Les diremos que no sobre actúen, que ya se parecen británicos, y tengo una idea genial, les recordaremos lo que tú dices: «A veces los embajadores se olvidan, que son funcionarios públicos. Hay que recordar siempre quién es el que está pagando tu salario».

Sí Mark me dice, que «si no actuamos juntos, argentinos y británicos, no vamos a tener más pesca», le diría, eso es muy fácil de resolver: nos devuelven Malvinas y nosotros inmediatamente les adjudicamos permisos y cuotas de pesca por 250 mil toneladas anuales de pescados y calamares y, les enseñamos a pescarlos e industrializarlos. En casa, mi padre me decía: «a la gente no hay que regalarles el pescado, hay que enseñarles a pescar». No solo los ayudaríamos a cuidar el recurso, sino también a procesarlo para que tripliquen sus ingresos. Si ello es muy difícil de entender, entonces, declararíamos esa zona en emergencia ambiental y pesquera, aplicando un “criterio precautorio”, porque la captura, efectivamente, como bien dice Mark, está afectando el ecosistema y «no vamos a tener más pesca».

Si me plantea la pesca ilegal, también nos pondríamos rápidamente de acuerdo, porque la Unión Europea ya ha sancionado el Reglamento (CE) Nº 1005/2008 del Consejo el 29 de septiembre de 2008, que está en contra de la pesca ilegal (INDNR), y Mark, entenderá fácilmente, porque está preocupado por la cuestión ambiental que, estando en territorio en disputa por aplicación de las Res. de la O.N.U. Nº 31/49; 2065/65; 3171/73 y 3175/73 no pueden modificarse las condiciones existentes y mucho menos utilizar los recursos naturales de los territorios ocupados mientras exista una disputa territorial.

En verdad, yo lo veo a Marck con toda la intención de desestructurar a la diplomacia británica y hasta la nuestra; ningún diplomático hasta la fecha se había golpeado la nariz en suelo argentino y lo mostraba en una sincera demostración de humildad. Eso un argentino es incapaz de hacerlo.

Los argentinos también tenemos que perder esa típica desconfianza que nos caracteriza. Que los británicos hayan firmado los Tratados de Paz y Amistad en 1825 y 1990 y, luego nos invadan y sigan ocupando territorio argentino sistemáticamente e, incluso que se lo facilitemos, agregándoles vuelos a Malvinas y al resto del mundo y, algunas veces al continente y, realicemos investigaciones conjuntas, es solo de “onda”. Tiene razón Mark para que vamos a hablar de soberanía, si los isleños de tanto venir al continente no se van a querer quedar a vivir en las Islas. Ah…es que son británicos, no hay problema, les damos la doble nacionalidad. Ah…es que pese a ser británicos tienen derecho a la autodeterminación. Tampoco sería un inconveniente, todos los argentinos tenemos derecho a la autodeterminación, de hecho, cientos de miles de nosotros están viviendo fuera del país y, por cierto, prestando importantes servicios al Reino Unido, como ocurrió con el Premio Nobel César Milstein que hizo sus estudios en la escuela y universidad pública y gratuita de Bahía Blanca y Buenos Aires y, después se pasó años volcando sus valiosos conocimientos allí. Sí Mark, yo creo, que aquí se pueden satisfacer todos los «deseos» de los isleños; hay libertad (hay veces en exceso), respeto a la diversidad, somos «en general» tan cultos como los ingleses y también nos gusta el «Fish and chip».

Es cierto Mark lo que tú dices, que se pueden hacer «muchos chistes entre nosotros» por ejemplo, lo que tu propones de sacar las sanciones que prevé la Ley Solanas Nº 26.659/11 a las empresas que exploten los hidrocarburos sin autorización argentina en Malvinas y, que también, nos une el mismo reclamo de devolución de Malvinas de los Rolling Stones y Paul Mc Cartney.

Y que tal, si llevamos todos los habitantes de Malvinas a Spilsby y aumentamos la cantidad de votos en esa población para un nuevo referéndum sobre el Brexit o nos disfrazamos de Superman, mi estimado y simpático Kent.  

Dr. César Augusto Lerena

Experto en Atlántico Sur y Pesca.

Ex Secretario de Estado.

Autor de 24 libros (entre ellos “Malvinas. Biografía de Entrega”).

7 de enero de 2019

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